martes, 6 de marzo de 2012

Stella

  El amor sorprende, te hace bailar por el cielo y transforma incluso lo amargo en dulce sensación. Decido llevarla a las nubes para mirar las estrellas y galaxias. Nos acostamos bajo el cielo. Quedamos mudos ante tal espectáculo. La volteo a ver. Su pelo es negro como el vacío y su rostro bello como el cielo. Digo:
  -Te regalo una estrella, ¿cual quieres?
  -Esa- Dice señalando tres astros solitarios
  -¿La mas grande?-pregunto
  -No
  -¿La mas brillante?
  -Tampoco
  -¿Será la Luna?
  -No, quiero la chica. La que resplandecerá cuando las otras    mueran, la que brillará cuando las otras no lo hagan, la que me hace querer vivir eternamente junto a su luz
  -Pues yo la veo en tu sonrisa
  - Y yo en tu mirada- contesta soñadoramente
  Sonreímos, su encanto me hechiza, no por nada me había enamorado. Acaricio su cara, pasando mis dedos por sus párpados, sintiendo cada una de sus pestañas. Como un recién enamorado pienso que nunca me cansaré de observarla. Acerco mi cara a la suya y le susurro al oído:
  -Tu me haces querer vivir eternamente para adorarte, mi pequeña Stella

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