Recuerdo que empecé a escribir por ciertos trabajos escolares. Empecé como si de una carrera se tratara, con la diferencia que no conocía el sendero, ni dónde había quedado la meta, si es que la tenía clara. Un río de ideas, argumentos, sensaciones, palabras y recuerdos brotaba de lugares insospechados en mi mente. He de admitir que ese primer poema me dejó una sensación agridulce. No había plasmado con la precisión esperada lo que tenía en mente, pero no había quedado tan mal. Una compañera que me gustaba me pidió leer lo que había escrito; "Me gustó", fue lo que me dijo. En aquel momento lo último que pensaba era que me lo había dicho por compromiso. Tal vez fue así. Tal vez, no. Pero eso dio lugar, estoy seguro, a que me animara a escribir más. Continué con uno que otro poema y de vez en cuando alguna historia. Intentaba, aunque no lo lograra, imitar a los autores que tanto me había fascinado con sus palabras. Más tarde me terminé dando cuenta que era yo quien tenía que escribir. Que mis pensamientos eran los que necesitaban plasmarse, no las palabras de otros.
Algunas veces hacían comentarios alentadores de mis historias, de mis poemas sólo me decían que sabía rimar. Le di a leer uno de mis trabajos a un profesor esperando simplemente su opinión, y para mi sorpresa lo leyó a mis compañeros de salón. Nunca podré olvidar esa sensación que tuve en ese momento. Oír cómo lo narraba mi profesor, haciendo énfasis en el momento adecuado, con una voz fuerte y clara. Yo sólo estaba sentado, no podía evitar un nervioso entusiasmo, casi no reconocía mi obra. Para mi sorpresa empecé a sudar a la mitad, justo en el nudo. Para mi sorpresa fue de gusto general, nadie se esperaba que tuviera sentimientos, al parecer.
Pasado aproximadamente un año de ese pequeño, pero significativo, éxito descubrí el mundo de los blogs. Cree el mío un tres de marzo. De ahí, el resto del trayecto se puede ver en las entradas de rincón mío; desde los poemas con los que le grito al amor, hasta los diálogos que tienen las dos partes no tan diferentes de una misma persona. Me gusta la poesía libre para cantarle a los desaires amorosos, pese a que no sé qué tan armónico sea lo que escribo. Para examinar un tema prefiero entablar un diálogo. Me acomodo más con las historias cuando de explicar sutilmente situaciones y conflictos internos se trata.
Escribo cuando veo que las próximas horas serán ininterrumpidas. Con alguna composición de Einaudi para darle un ambiente adecuado, que se funda con mis pensamientos para poder retornar de ese momento de fugaz locura. Entonces, ya sea en papel o en el monitor, veo las palabras formar torpemente el río de inspiración, como si fuera un dibujo. Un dibujo que quizá sólo yo le vea forma. Evalúo cada palabra que voy a usar, si es la adecuada para expresar la idea que clama ser ideada. No me detengo. Y sigo gritando en silencio.
Siempre he creído que lo que cada quien escribe es invaluable, que buscamos reflejarnos en las palabras que plasmamos. Por eso no borro lo que escribo, ni pierdo oportunidad de leer lo que escriban las personas que me interesan, es como echar un vistazo a su interior.
Ahora me doy cuenta que no escribo por ocio, ni mucho menos. Escribo porque tengo que gritar de alguna manera todo lo que me guardo. Y vuelvo a sentir ese nudo en la garganta, el que aparece cuando es demasiado lo que intento retener.
Si es posible que alguien siga visitando este blog que aún no termino de quitarle las telarañas, me gustaría escuchar su punto de vista, experiencia o disentimiento.
Me gusta sabes, me gusta , me deleita leer lo que compartes, siento que igual que tú, si algún día dejará de leer o pensar de está forma, dejaría de ser yo en lo absoluto y sabes algo Einaudi lleva como el ritmo de las teclas cuando escribo, Gracias
ResponderEliminar¡Muchas gracias! No sabes cómo me siento por tus palabras, el saber que alguien ha leído lo que escribí.
EliminarQue te vaya muy bien.