viernes, 8 de febrero de 2013

     -Soñar, ilusionarse y llorar. No estamos exentos de esto. Es como si fuera algo requerido para poder decir "he vivido".
     -Quizá sea así.
     -Entonces la vida sería muy cruel.
     -Pero ten en cuenta que la ilusión puede ser para toda la vida.
     -Sin embargo no es así para todos.
     -No me digas que las ilusiones no te traen felicidad.
     -Si, pero luego es duro dejar eso de lado.
     -¿Qué quieres hacer con tus sueños entonces?
     -Sinceramente estoy pensándolo. Nunca me había sentido así.
     -Creo que deberías dejarlo así como está.
     -¿Dejar que todo siga el curso que debería seguir? No lo creo.
     -¿No te gusta cómo van las cosas?
     -Ja, ¿gustarme? Lo dudo.
     -A mí me gusta mi vida.
     -¿Qué crees que sea lo mejor? ¿Quejarse por lo que no se tiene o contentarse por lo poco que se tiene?
     -Alegrarme por lo que tengo.
     -Sabía que dirías eso.
     -¿Qué contestarías tú?
     -Ninguna de las dos me convence. Intentaría conseguir lo que quiero y no tengo.
     -No había pensado en eso.
     -Imaginemos que un día, de una manera que no es necesaria describir, encuentras la famosa lámpara mágica. La frotas y sale el popular genio que te ofrece tres deseos, los que quieras. Analízate. ¿Estarías completamente seguro de lo que pedirías?
     -Si. Pediría felicidad, salud y dinero.
     -Yo no sabría si lo que pido es lo que anhelo desde el fondo de mi corazón. Pero aún así lo pediría.
     -¿Qué?
     -Seguir soñando un rato más.
     -¿Nada más?
     -Nada más.
     -¿Y después que harías?
     -No sé, quizá seguir esbozando esta amarga sonrisa.

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