sábado, 6 de abril de 2013

Buscándome XVII

He estado revisando el desarrollo de Buscándome y me he dado cuenta que no he especificado en qué momento se están llevando a cabo algunas conversaciones. Debido a que se cuenta desde mi punto de vista, regresé en el tiempo a narrar algunos momentos que después resultaron importantes. Para los pocos lectores que tengo, debería aclararles al menos esa parte.
En Buscándome XIV, Cercatore acababa de decidir qué hacer de su vida, después de la experiencia que narra en Buscándome II (la interpretación de ésta la dejo a su imaginación).
En Buscándome XV, ya había iniciado su viaje, desengañado por lo que acababa de descubrir mientras se analizaba.
Y finalmente Buscándome XVI. Cercatore volvió a soñar, algo que supuestamente no podíamos. Es por eso que se dejó llevar. Ni siquiera yo, a pesar del nombre que elegí, lo pude despertar.
Todo lo anterior quizá lo pudieron haber supuesto, pero pensé que debía aclararlo. El viaje que se narra en los primeros 13, es mientras aún sigue soñando, sin embargo, quiere despertar. Ésa es la razón por la cual continúa su viaje.
*   *   *   *   *

     <Quizá no debí hacerlo.>
     -Te lo dije. Pero lo hiciste.
     <Lo que viví...>
     -¿Qué sucede con eso?
     <Es... indescriptible. Quizá lo que más lo describiría podría ser inquietante>
     -Creo que ya te has perdido.
     <Sólo he cambiado un poco.>
     -Demasiado para seguir con ese nombre.
     <Entonces quién soy ahora.>
     -Te desconozco.
     <No me digas eso justo ahora. Hace no mucho alardeabas que me conocías mejor que yo mismo.>
     -Veo partes de tí que no puedes ver. Eso es todo. Pero basta para conocerte incluso, mejor que tú mismo.
     <¿Seguro? ¿Entonces sabías que podía suceder esto?>
     -Lo temía.
     <¿Entonces quién crees que soy ahora?>
     -Quizá sigas siendo tú, pero ya no eres Cercatore. Has dejado de buscar.
     <¿Cuál es mi nombre en ese caso?>
     -¿Cómo crees que eres ahora?
     <Más etéreo. A pesar de lo que digas, me gustan más estas alas.>
     -Entonces a mí me ciega la soberbia, no veo las alas que mencionas.
     <Recuerda que nunca entendimos las alas de Dante.>
     -Eres ciego.
     <Creo que eso no te lo puedo negar. Continúa.>
     -Impulsivo. Has decidido adentrarte a las tinieblas de tu lucidez. Lo piensas demasiado, sin embargo terminas haciendo algo diferente.
     <Así soy. Pero eso no sirve para nominarme.>
     -Ahora eres un artista.
     <¿Un artista?>
     -El artista que usa de lienzo su cabeza y su corazón. Para plasmar en éstos sus sueños, sin embargo, no se da cuenta que los pinta como los ve, no como son. Eres un soñador.
     <¿Entonces mi nombre es Somniator?>
     -¿Qué te parece? ¿O te gusta más Sognatore?
     <Sognatore, aunque no creo que sea el nombre más adecuado.>
     -Tiene que ser lo que más te diferencie de nosotros, y no se me ocurre nada mejor que tus delirios actuales.
     <No podría estar más de acuerdo.>
     -Entonces continúa caminando a ciegas, dando tumbos cada dos por tres.
     <Sólo voy a esperar.>
     -Vé y llora, tu por ahora, hermosa vida.

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