domingo, 27 de enero de 2013

¿Qué daría por volver a ese momento?

     Una tenue luz bañaba el lugar. La luna llena se veía más grande de lo usual. Nunca había visto algo semejante. Algo misterioso se podía sentir en el ambiente, como si los sauces susurraran secretos jamás soñados o los guijarros corrieran alrededor de mí. Caminé un rato, con los ojos cerrados, intentando con eso, oír mejor la melodía que tocaba el viento.
     A cada paso que daba, oía el suave crujir de las ramitas secas partiéndose. Caminaba sin ver, pero no tropezaba ni chocaba, como si estuviera siguiendo un camino ya determinado. No sabía hacia donde iba, sólo iba. Cada pequeño ruido que alcanzaba a escuchar formaba parte de un gran concierto. Todo mi entorno consistía en sonidos, el vaivén de las ramas de los grandes sauces, el ulular del viento, todo formaba parte de mi mundo en ese momento, incluso el débil aleteo de un ave nocturna.
     Realmente me había olvidado de todo. Todo el universo era únicamente hasta donde mis pies me pudieran llevar. No podía dejar de oírlo todo, pero sabía que había algo más. Que mis oídos no percibían la luna, las estrellas, el color de las flores ni el camino que seguía. No me decidía. Dejar eso por adentrarme en algo desconocido, no me atraía mucho la idea. Batallé un rato para poder empezar a levantar mis párpados, que en esos momentos pesaban mucho. Parpadee un poco para acostumbrarme de nuevo a la luz. Pero en el momento en que abrí los ojos, el mundo que había creado dejó de tener sentido, incluso el mundo de luces y colores. La luna había vuelto a desaparecer, junto con las flores, los sauces, las estrellas, las hojas, y todo. Cuando abrí los ojos, mi cabeza se bloqueó y mi cuerpo se paralizó. No sabía qué hacer, mas que mirar.
     Si lo pienso bien, no cambiaría ese momento por volver al mundo de sonidos, no lo cambiaría por nada.  Aunque sepa que darlo todo por ese nuevo mundo significara perder algo importante de mí mismo. Sinceramente quisiera volver una y otra vez a ese momento para recordar la inmensidad de sensaciones que me embargaron y me confundieron. Cuando abrí los ojos, yo ya estaba condenado a jamás querer cerrarlos. Ya había perdido alguna parte de mí mismo incluso.
     ¿Qué daría por volver a ese momento? ¿Sabes? Cuando abrí mis ojos yo... te vi.

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