-Quizá sea así.
-Pero, ¿sabes una cosa?
-¿Qué?
-La persona que me encontré seguía su propio camino, pero nunca me dijo por qué.
-¿Por qué lo seguía?
-No, por qué había hecho su camino tan solitario.
-¡Ah! Tal vez no le agradaba estar con los demás.
-Estoy segura que de alguna manera me daría a entender, porque nunca me daba una respuesta directa, que las relaciones no son como las vemos.
-Encontraste una persona muy extraña.
-Ya lo creo, pero me hubiera gustado conocerlo.
-¿No estuviste con él dos semanas?
-Pero nunca llegué a conocerlo realmente.
-Creo que te hizo daño estar tanto tiempo a la intemperie.
-Quizá.
-Vamos a comer algo, con el estómago lleno la cabeza trabaja mejor.
-De acuerdo.
-Y no te vuelvas a ir tan repentinamente, asustaste a todos.
-Sólo dí un pequeño paseo.
-Sí, claro.
-Ahora sigue una larga carrera.
-¿Te volverás a ir?
-Sí, pero antes debo encontrar algo.
-¿Tu propio camino?
-También.
-¿Entonces qué quieres de comer?
-No sé, empecemos con una infusión de manzanilla.
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