miércoles, 16 de enero de 2013

Buscándome XIII

     -¿Entonces cómo te llamas?
     -¿Por qué la pregunta?
     -Llevo varios días con esa duda y cada vez que te pregunto terminamos hablando de otro tema complejo.
     -¿Estás consciente de tu propio nombre?
     -Por ahora no, pero yo te pregunté eso primero.
     -En realidad sólo pediste mi nombre. Aún no me conozco lo suficiente para estar seguro de esto.
     -¿Todavía no? Pero... al menos dime una parte.
     -Si quieres puedo decírtelo, pero tú deberás entender tu propio nombre.
     -¿Por qué?
     -Hay sombras en tu mente, rincones que no has explorado todavía.
     -Lo sé.
     -Entonces hazlo.
     -¿En este momento?
     -No. Es imposible que puedas develar todos esos misterios tan rápido.
     -De acuerdo. Encontraré mi verdadero ser.
     -No es exactamente eso. Es entender en qué consistes.
     -Lo haré.
     -Confiaré en tu mirada.
     -Confiaré en mí misma.
     -Te diré un pequeño fragmento de mi nombre. Espero que me hayas comprendido mas allá de una palabra. Soy Cercatore.
     -¿Cercatore?
     -Así es. Buscador.
     -¡Oh!
     No dijo nada más. Se quedó pensando, quizá pensaba en mi significado, o quizá en el suyo propio. En ese momento me dí cuenta que acabábamos de llegar a nuestro destino.
     -¡Qué lástima!
     -¿Qué pasa?
     -Hemos llegado al final de este recorrido.- Dije.
     Priscila miró a su alrededor intentando determinar qué había en ese lugar. Estábamos en una llanura, desprovista de vida.
     -¿Qué hay aquí?
     <El final de esto.>
     -Prácticamente, todo.
     -No veo mas que algunos árboles en la lejanía.
     -El caso no es qué hay aquí, sino qué habrá aquí.
     -No entiendo.
     -Hace algún tiempo, aquí perdí la orientación de mi vida. Desde entonces he vagado intentando encontrar algún sentido a través de la filosofía.
     -Buscando un camino que recorrer.- Musitó.
     <Sólo buscando un lugar al que huir.>
     -Éste es el final de mi camino.
     -¿Entonces que harás? ¿Te irás?
     -En realidad volveré.
     -¿A dónde?
     -Conmigo mismo. Me dí cuenta que soy lo único que tengo.
     -¿Entonces ya no volveremos a vernos?
     -Quizá encuentres mi cuerpo, pero te recuerdo que ya no seré Cercatore, seré alguien que fui, pero que podría ser yo nuevamente.
     -Pero creí que habías encontrado la realidad.
     -No fue así, la verdad me alcanzó, pero la realidad, no lo creo. Me perdí.
     -Estos días fueron... enigmáticos. Te lo agradezco profundamente.
     -¿Te puedo pedir un favor?
     -No estoy segura, ¿cuál es?
     -¿Podrías no olvidarme?
     -¡No hay problema! Aunque lo quisiera no podría.
     -Me refiero a mis palabras, que las recuerdes, que las tengas presentes. No dejes que me vaya del todo.
     -Está bien. Lo prometo.
     -Esta noche me iré. Pero no quiero que estés presente, te podría suceder lo mismo que a mí.
     -Lo tendré en cuenta.
     -¡Estoy hablando en serio!- Grité por primera vez en mucho tiempo.- No debes estar aquí.- Dije ya serenándome un poco.
     -Entiendo, no tienes que enojarte.
     -Sólo vete antes que todo empiece. Explotaré pronto y prefiero hacerlo aislado. Sin nadie cerca a quien pueda dañar.
     -De acuerdo, me iré.- Dijo dándose la vuelta.
     -Espera, Priscila.
     -¿Qué sucede?
     -Cuando te comprendas, haz lo que quieras.
     -¿Cómo?
     -Lo sabrás cuando llegues a ese punto.
     -¿Qué?
     -El por qué de todas mis preguntas, de tus preguntas, no la respuesta, pero si el origen.
     -Entonces llegaré a ese punto y después te encontraré.
     -¿En qué sentido?
     -Lo sabré cuando llegue a ese punto.- Dijo sonriendo, no lo pude evitar y sonreí también.
     -Bien, ojalá termines tu propia travesía.
     -Me has dado un barco, viajaré por cuanto mar llegue.
     -Sólo recuerda que el barco está hecho para navegar, no para volar.
     -Lo tendré en cuenta.- Y esta vez si se fue.
     <¿Estás seguro de esto?>
     -No, pero ya estoy aquí.
     <No te preocupes, seguirás siendo tú.>
     -¿Por qué lo dices?
     <No lo sé. Pero el Sol ya se ocultó, no falta mucho.>
     -No hay marcha atrás.
     <Así es, no la hay.>
     Sentí un escalofrío.
     -No podré volver.
     <¿Estás seguro?>
     Y la realidad tembló.

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